domingo, 7 de septiembre de 2008

Wahhabis y sufies, siempre.

Los Wahabis y los Sufis un comentario deShaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

En 1812, por órdenes del Califa de los Musulmanes, el Yedive Muhammed Ali de Egipto, envió una fuerza expedicionaria para expulsar a los wahabis de Medina, Meca y Yeddah. Ante esto, ‘Abdullah Ibn Sa‘ud renovó su Bayat (juramento de fidelidad) al Califa desde su escondrijo del desierto, aunque muy poco después, volvía a reanudar sus incursiones. Entonces, una nueva expedición dirigida por el hijo del Yedive, Ibrahim Pasha, cruzó las 600 millas de desierto entre las costas del Mar Rojo hasta Dhar’iyya, la fortaleza wahabi. Después de poner orden en el Hiyaz, puso sitio a Dhar’iyya. Era marzo de 1818. Los Sa‘udi se rindieron en septiembre. El jefe wahabi, ‘Abdullah ibn Sa‘ud, fue llevado prisionero a Estambul. La pena por su delito de rebeldía contra el Califa era la de ser ejecutado, lo cual le habría permitido hacer dos raka‘ antes de ser ejecutado. Sin embargo, el Califa comprendió que el tema no era simplemente político –algo que nuestros ‘ulama contemporáneos se han negado tercamente a ver, a la luz de los fondos que la Casa de Sa‘ud ha puesto a su disposición, y por lo que estamos pagando todos el precio ahora-. El Califa se lo entregó al Sheij al-Islam, pidiendo que fuera examinada su ‘aqida y se comprobase si no había sobrepasado los límites del Islam. Los grandes ‘ulama Hanafi, tras examinar su doctrina, lo declararon concluyentemente Zindiq, hereje. Consecuentemente, se le cortó la cabeza públicamente al Amir del Nady en Topkapi.Con el tiempo, la jefatura vino a parar a manos del conocido ‘Abdul ‘Aziz ibn Sa‘ud. Establecido de nuevo en el Nady, Ibn Sa‘ud se dio cuenta que los imperialistas británicos serían buenos aliados para su guerra contra el Islam. En algunas de las incursiones que realizó, sus hombres pasaron a utilizar el incómodo uniforme militar británico. El halagador apoyo económico inglés fue clave para su actuación política; una actuación que dominó los desiertos, gracias al apoyo ideológico de los Mutawwas, los misioneros wahabis que convencieron a los ignorantes beduinos para que se aliaran con la Casa de Sa‘ud. Con el objeto de asentar a los beduinos árabes, que eran vitales para sus planes de expansión, instaló colonias llamadas “Los Ijuán”, que serían los abuelos intelectuales de los Ijuán al-Muslimin posteriores. También, es interesante notar que las colonias de Ijuán, fueron el prototipo de los posteriores kibbutz nacionalistas israelíes. Una vez asentados, los beduinos volvieron verde el desierto y dedicaron sus días a absorber las doctrinas monoteístas de un dios antropomórfico sentado en un trono en el cielo, y a absorber el odio de los Nady contra el Mensajero mismo, que Allah le bendiga y le dé paz.Es un momento histórico en el que se ve ya la dicotomía esencial, que después acabaría con esta gente del desierto. Ibn Sa‘ud mezcló las tribus en las colonias Ijuán de modo que el factor unificador fuera la doctrina wahabi. Al eliminar así la lealtad tribal y la poesía genealógica, destruyó el sentido árabe de continuidad histórica. Es decir, todas las demás tribus, desde un punto de vista organizativo y social, quedaron desmanteladas. Así se creó la dicotomía, por un lado, de una tribu de asaltantes del desierto unidos por la sangre, y por el otro, una masa ignorante de beduinos desenraizados y transformados en campesinos. Sin riqueza. Sin voz alguna en el gobierno. Pero con la ambición feroz de eliminar la presencia histórica del Islam, que era lo que quedaba de la memoria tribal de su pasado en el desierto. Los Ijuán pasaron a considerarse como una élite en guerra con el Islam histórico, y para distinguirse de los guardianes del wahabismo, se les concedió el poder llevar un cinta retorcida de material blanco alrededor de su tocado, en vez del Iqal de lana negra utilizado por los demás árabes.El primer asentamiento de los Ijuán comenzó alrededor de 1912. Pronto, se transformó en una pequeña ciudad de 10.000 habitantes. Se llamó Artawiyya, poblada principalmente por beduinos Harb bajo las órdenes de Sheij Sa‘ud Ibn Mutib. La tribu de Mutair entró a formar parte del movimiento Ijuán después de rendirse a Ibn Sa‘ud, bajo el mandato de su Sheij, Faisal ad-Darwwish, que vino a ser gobernador de Artawiyya. La segunda colonia Ijuán, de aproximadamente 10.000 habitantes, fue Ghutghut, bajo su jefe Sultan Ibn Biyad.Ahora, un paréntesis, para seguir luego con el proceso histórico. Madinah Press (www.madinahmedia.com) acaba de publicar un libro muy importante, Sufis and Sufism: A Defence, que ha sido escrito por dos de los principales ‘ulama de Marruecos, con el doble propósito de defender a uno de los más grandes y distinguidos hijos de la Ummah actual, Sheij Dr. Muhammad ‘Alawi al-Maliki y, a la vez, ofrecer una defensa de conjunto de los Sufíes y del Sufismo. El libro ofrece, además, las opiniones favorables de Ibn Taymiyya, Al-Jawziyya e Ibn Abdulwahhab mismo. Mostrando así, que el wahabismo de cuño personal del lamentable régimen Saudita supone una posición política innovadora contra el Islam, que no se basa ni siquiera en los reformistas históricamente conocidos.Los autores, Sheij Abdu’l-Hayy al-‘Amrawi y Sheij Abdu’l-Karim Murad, son dos ‘ulama muy prestigiosos con base en la gran Mezquita Qarawwiyyin de Fez. Que nadie piense que la oposición militante contra el Sufismo ha cesado o se ha amainado, por el contrario, debemos ser conscientes de que el régimen Saudita –no podemos llamarlo gobierno– continua promocionando las enseñanzas Zindiq que, según ellos mismos consideran abiertamente. constituyen una lucha contra el Islam y las gentes musulmanas.Precisamente nos hemos visto obligados a mencionar este tema, a causa de la evidencia reciente de que el régimen Zindiq continúa arrogantemente su progresión, como si su sector militante, hace dos años, no hubiese pasado la noche con prostitutas y bebiendo vodka, antes de estrellar dos aviones de pasajeros contra los famosos rascacielos. El mes de noviembre del año pasado, el régimen Zindiq envió un representante para arengar al respetable Consejo Judicial Musulmán de Cape Town y, filmarse, a la vez, a sí mismo, para una cadena de televisión saudita. Las formas obesas de Mr. Waydi al-Ghazzawi reprendieron al Consejo con esa insolencia que, con poco fuste, hemos consentido a los desalmados exponentes del régimen. Entre ellos, este hombre, aparentemente Imam de la Mezquita Al-Minshaawi de Meca, que ha aprendido su Islam dentro de Arabia y ha estudiado allí lo que llama “Diálogo entre las diferentes Fes,” cosa que no es sino una puerta abierta a kufr.Mientras que el régimen que le financia y al que él sirve, se hundía a ojos vista, él se dedicaba en Sudáfrica a soltar las habituales denuncias wahabis oficiales contra las comunidades musulmanas mismas que estaba visitando. Entre sus ataques, inevitablemente, Mr. Al-Ghazzawi asestó varios golpes bajos e insultantes contra nuestro noble Sheij Dr. Muhammad Alawi al-Maliki, al que denunció como un “importante desviacionista”. Añadiendo que, el Dr. Muhammad únicamente atraía a los pobres (una incuestionable virtud del Din), y que sus enseñanzas habían sido refutadas por “genuinos hombres de saber”. Sin duda, cuando el joven Waydi, después de pavonearse por Cape Town, llegó a Meca, se quedaría con la boca abierta al ver lo que le estaba esperando allí.Lo que esperaba al joven wahabi a su vuelta, era la guerra civil. Las contradicciones internas de las doctrinas wahabis y la banda tribal que controla la riqueza, finalmente, habían chocado entre sí. Y, recordemos, ésta nos es la primera colisión entre el wahabismo y la tribu de Sa‘ud.Reanudemos el hilo histórico. En su apogeo, el movimiento Ijuán, comprendía alrededor de 200 pueblos, capaces de poner en pie de guerra 25.000 soldados si era necesario. Ibn Sa‘ud los utilizó para apoderarse del Hiyaz, pero al mismo tiempo los consideró como un obstáculo en el camino de sus otras ambiciones, y los devolvió a sus pueblos. En 1929, Faisal ad-Dawwish y Sultan Ibn Biyad comprendieron que Ibn Sa‘ud se había entregado a su ambición personal, y los Ijuán tenían otros objetivos distintos. Se levantaron en armas e Ibn Sa‘ud los derrotó con grandes dificultades. Faisal ad-Dawwish fue hecho prisionero y llevado en una litera a la presencia de su nuevo “Rey”. Ibn Sa‘ud le perdonó, pero él no cejó y pronto volvió a presentar batalla, para finalmente huir a Irak. En cuanto al Sultan Ibn Biyad, fue derrotado también y encarcelado en Riyadh, y de la ciudad de Ghutghut no quedó piedra sobre piedra.Los ingleses entregaron Faisal ad-Darwwish a su hombre, Ibn Sa‘ud, de modo que fue también encarcelado en Riyadh. Con Artawiyya abandonada y Ghutghut destruida, los Ijuán se desperdigaron. La fuerza que había puesto a Ibn Sa‘ud en el trono había quedado, sin duda, desestructurada, pero no había desaparecido. Si los Ijuán desaparecían, el wahabismo debía permanecer.La Casa de Sa‘ud se vio entonces en posición de asumir un papel político más alto. El romance entre el imperialismo británico y los beduinos del Nady había comenzado en 1914. Su simbólico punto culminante sería quizás la famosa fotografía del “Rey” Fahd junto a la Reina, la Reina Madre y el Príncipe Felipe, con una gran cruz cristiana colgada del cuello. Con el lamentable servilismo característico que los gobernantes árabes muestran con la familia real británica, el pobre Fahd había aceptado ser nombrado miembro de una Orden cristiana que databa de los tiempos de las Cruzadas.Los cínicos ingleses habían introducido sus servicios de espionaje en las dos fuerzas de la península. El conocido Lawrence, con Sharif Hussein, y Philby con Ibn Sa‘ud. Así se habían asegurado que, quien fuese el vencedor, quedaría con todo a la merced del imperialismo británico. Por la mediación del agente británico Capitán Shakespeare, en el mes de diciembre de 1915, Ibn Sa‘ud se reunió en el pueblo de Qatif con Sir Percy Cox, Oficial Superior Político británico, para firmar su pacto con el diablo. Ibn Sa‘ud quedaba al servicio del gobierno británico con un estipendio de 5.000 libras. Aunque ya había recibido anteriormente de ellos 1.000 rifles y la suma de 20.000 libras. Para 1917, Ibn Sa‘ud tenía ya la Arabia Central bajo su control. Desde el mes de noviembre de 1917, Ibn Sa‘ud tenía a Philby a su lado para darle consejos diarios. Poniendo al descubierto su codicia de títulos y honores, Ibn Sa‘ud prohibió que se dirigieran a él con el “Ya ‘Abdul-‘Aziz”, y tomó el título de Sultán del Nady.Los ingleses vieron que la autoridad se inclinaba hacia Ibn Sa‘ud. Lo cual fue confirmado por una delegación de ‘ulama modernistas de India. Retiraron entonces su apoyo al rey Hussein de Meca. Así, los wahabis entraron en Meca y llevaron a cabo su hoy infame destrucción del cementerio de Baqi‘. En sus planes de sitio a Medina, se incluía el derribo de la Cúpula de la tumba de Rasulullah, que Allah le bendiga y el dé paz. Irónicamente, fue gracias a la mediación de los cónsules extranjeros kaffir que la tumba fue respetada.El 8 de enero de 1926, el rebelde Naydi se nombró a sí mismo “Rey”, estableciendo así su autoridad sobre la base de romper su juramento de lealtad a su propio gobernante, el Califa de Estambul. En Yeddah, el nuevo rey, en presencia de su consejero Sheij Hafiz Wahba, un egipcio, declaró: “Nos habéis considerado hasta ahora fanáticos bárbaros, primitivos, atrasados, de mente estrecha. Pero nuestro país goza hoy de seguridad, paz y orden y, de hoy en adelante, gozará de justicia. Nosotros sabemos cómo gobernar a los beduinos, cosa que vosotros no sabéis. Deben ser tratados muy duramente para aprender sus lecciones. Conocemos al beduino y sabemos cómo tiene que ser gobernado. Por ello, mi castigo es tal que no hay que repetirlo. Sabed, que Allah el Magnífico, nos utiliza como instrumento Suyo. No hay poder que pueda detenernos. No hay enemigo que pueda matarnos”. Así, con esta declaración manifiesta de shirk, fue establecido el régimen wahabi.El mismo año, dieron comienzo una serie de acontecimientos que llevarían a que los norteamericanos relevasen a los británicos en el dominio de la Península Arábiga. Todo comenzó, como no podía ser menos, con un millonario, Charles Crane, que había hecho su fortuna vendiendo tazas de retrete, junto con su colega, Karl Twitchell. En 1931, Twitchel fue comisionado para comprobar las posiblidades de explotación de petróleo a lo largo de la costa del Golfo. De su mano llegó la Standard Oil, y en 1933, la California Arabian Standard Oil Company fue formada, compañía que luego modificaría su nombre a Arabian American Oil Company, es decir, Aramco. A medida que las explotaciones petrolíferas fueron creciendo, así también fue creciendo la riqueza fabulosa de la tribu de Sa‘ud.Entonces, otro desarrollo comenzó, paso a paso, a representar la nueva cara de Arabistán. Para comprender la situación actual, hay que darse cuenta que los Sa‘udi volvieron a cometer el mismo error que habían cometido con los wahabis. La ruta por tierra desde el Mar Rojo hasta el Golfo Pérsico se llamó Darb an-Nasara, el Camino de los Cristianos. Aeropuertos camuflados, urbanizaciones precintadas y amuralladas, y finalmente ciudades enteras fueron establecidas bajo el régimen de Apartheid religioso. Detrás de sus muros, como en los palacios de la familia de Sa‘ud, podía fluir el whisky y las prostitutas podían entrar y salir libremente. Los lugares preferidos para la importación de mano de obra esclava y de personas prostitutas fueron las cristianas Islas Filipinas y la budista Corea del Sur. Lo que la tribu Sa‘udi arrogantemente asumió fue que, mientras fluyese el petróleo, los norteamericanos portadores de riqueza y de poder continuarían siempre garantizándoles enormes riquezas, sin preocuparse lo más mínimo por lo que ocurriera en Arabia.Hoy podemos ver el resultado de todo ello en su completo esplendor. El lamentable régimen Sa‘udi no sufre sólo de esquizofrenia psicológica, sino que se ve en medio de una realidad política similar. Por un lado, los ‘aliados’ norteamericanos no han continuado como siempre, sino que, según su propia evolución política, han comenzado a ser víctimas de la misma obsesión de poder que en su día afectó a ‘Abdul ‘Aziz Ibn Sa‘ud. Por otro lado, los wahabis no se esfumaron en el desierto. El alarde de ‘Abdul ‘Aziz de que aplastaría a los beduinos con crueldad no dominó a los árabes del desierto. Por el contrario, una herida ulcerosa de carácter extremo ha supurado y finalmente ha reventado con un veneno que no sólo ha invadido Arabia sino todo el mundo. Despojados de un pasado histórico encuadrado en la religión mundial del Islam tradicional, desenraizados y transplantados, se agarraron a una historia que sólo tenía comienzo en la fundación de los Ijuán. Esta historia les enseñó que la doctrina zindiq del wahabismo era una religión monoteísta, pan-árabe y verdadera, cuyos enemigos, al otro lado de los mares, eran los kuffar, entre los que quedaban incluidos los musulmanes no wahabis, y la malvada Casa de Sa‘ud, que había traicionado tan cruelmente a aquellos mismos que la habían alzado al poder.Del mismo modo que ‘Abdul ‘Aziz ibn Sa‘ud censuró a los beduinos Ijuán, hoy el Príncipe heredero ‘Abdullah los censura de nuevo y promete a sus amigos kaffir que los aplastará con la misma severidad que su antepasado. La prometida paz se ha hecho añicos. La prometida justicia nunca ha aparecido. Arabia Saudita, el único país que ha sido llamado con el nombre de sus gobernantes, está sumergido ahora en una guerra civil que sólo puede acabar con la expulsión del régimen de Sa‘ud.En este asunto, hay una realidad política más que debemos tener en cuenta. El mismo régimen que continua enviando por todo el mundo sus misioneros nombrados y pagados por el estado –y mis Fuqara han tenido que enfrentarse con ellos en Tailandia, México, Indonesia, Malasia, Marruecos e Inglaterra– anuncia en la BBC, la CNN, y Sky, que “el Reino” ha declarado la guerra al wahabismo, asumiendo arrogantemente de nuevo que todos somos tontos sin remedio. Como si pudieran hacernos olvidar los últimos cincuenta años, nos informan ahora que Islam quiere decir Tolérance, democracia y derechos humanos, y sobre todo, que quiere decir paz. Es una buena religión. Su naturaleza verdadera no es para molestar a nadie. Es una religión más en el grupo de las religiones toleradas, entre las que se hallan, es de suponer, el culto indio a la viruela. Es decir que, este desesperado régimen hará lo que sea para mantenerse en el poder, aunque suponga una negación del Islam más radical aún que la del ahora malvado wahabismo que les has puesto en la picota.
Los pobres Sa’udis no parecen darse cuenta de lo ridículos que son, como tampoco lo hizo Luis XVI cuando se puso el gorro frigio de los revolucionarios franceses e introdujo modificaciones técnicas en el diseño de la guillotina, la misma que poco después le cortaría la cabeza.Mención aparte debe ser hecha de los nuevos portavoces del régimen en los medios de comunicación, cuyos intentos para apuntalar la reputación Sa‘udi ante la escalada de la guerra civil están siendo desastrosos. Cuando aparecen en la TV, la primera reacción es pensar que son unos ejecutivos de la compañía de hojas de afeitar Gillette. El más popular es el Consejero de Prensa del Príncipe Heredero, Abdel al-Yubeir. Enfundado en un traje mal cortado, con la corbata demasiado apretada, ofrece una trémula defensa de la situación de lo que aún llaman “el Reino”.Desafortunadamente, él y los otros portavoces, sólo parecen comunicar a los televidentes un sentido de peligro inminente, como si su antiguo amigo Bin Laden fuera a irrumpir en el estudio. En cuanto a los dos incultos jugadores de ruleta, los respectivos embajadores de Londres y de Nueva York, son indignos de ser despreciados.Es un final de partida. Lo que debemos hacer ahora es seguir la marcha de la situación con mucho cuidado. Hay que comenzar a expeler legalmente toda influencia Sa‘udi. No sólo de nuestras mezquitas, sino sus doctrinas de nuestras madrazas. A la luz de lo que hemos esbozado, esto significa el rechazo de ambas posiciones zindiq, es decir, la posición histórica wahabi saudita, y la nueva doctrina emergente saudita de Tolérance, paz y Music TV.Una guía útil para el pensar y la práctica post-sauditas será este noble texto de nuestros dos honorables ‘ulama, pertenecientes a esa verdadera sede de la enseñanza islámica que es la magnífica Mezquita Qarawwiyyin de Fez, que Allah proteja su Rey, su Reino, un verdadero Reino Sharifi, y que Allah conceda a su joven Rey un sabio y franco consejo, para evitar que sea conducido al mismo destino que, sin duda, espera ahora a los gobernantes rebeldes del Nady. En una publicación reciente de hadiz, los wahabis eliminaron el famoso hadiz que indica que el shaytán saldrá del Nady.Allah, el Altísimo ha dicho en el Surat al-‘Isra (17:81):“Y di:
Ha venido la verdad y la falsedad se ha desvanecido, es cierto que la falsedad se desvanece”.

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